Fiorito, Francisco B,
Recóndita armonía
RECÓNPITA + + +
+ + + + ARMONÍA
POESÍAS DE
FRANCISCO B. FIORITO
PRÓLOGO DE
DON OVIDIO FERNÁNDEZ RÍOS
EDITADAS POR
RAÚL JUBÍN QUADROS
MONTEVIDEO
TALLERES CE MOSCA HNOS. 18 DE JULrO, 1S74
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RECÓNDITA ARMONÍA
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in 2010 with funding from
University of Toronto
http://www.archive.org/details/recnditaarmonOOfior
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PROLOSO
//e aqiii un nuevo poeta que surge, deshojando
sobre este libro las rosas iniciales de sus jardines re-
cónditos .
Libro de juventud, donde el poeta ha volcado la
primera esencia de sus ilusiones; donde ha bordado la
primera leyenda de sus ensueños; donde ha sollozado
su primera angustia ; donde ha sentido su primer de-
seo; donde ha esculpido su primera idea, y donde ha
dejado, al fin, estremecido , su primer beso de emoción
y de esperanza
Libro de juventud. Versos sinceros, llenos de in-
genuidad, que tienen la tenue transparencia de un ve-
lo, por el que a través viéramos su alma, su alma de
niño, toda ensoñación, toda dulzura, pero impregnada
a veces de una vaga tristeza, como si evocara en el
silencio, alguna fugitiva quimera, amada e imposible.
Alm.a sensitiva, fácil a las alucinaciones y propicia a
todas las influencias sentimentales ; alma, como él mis-
mo dice, que tiene palidez de aurora, sombras de no-,
che y claridad de día!
Libro de juventud. Libro de honda emotividad que
tiene la virtud de conmovernos con el suave perfume de
sus versos sencillos. Libro, donde el poeta, para triun-
far, no ha tenido necesidad de recurrir al dislocamien-
io del vocablo, a la retórica artificiosa y a la imagen
atrevida, para decirnos con inefable encanto las bellas
cosas de su interior. Todo en él se desliza con la sua-
6 PRÓLOGO
vidad del agua de una fuente tranquila. ¡ Armonía se-
rena, armonía apacible, como la vaga palpitación de
un beso amoroso, como el leve rumor de un ala en rum-
bo al infinito ! . ..
*
Este libro es la inicial de una victoria.
Leed sus páginas. No serán ellas acabada obra
de bizarra maestría. No se revelarán en ellas, aun, con
el vigor consagratorio, la impecable ejecución, la línea
eurítmica, la arquitectura suntuosa, la cince loción ob-
sesionante del orfebre rígido. No animará sus estrofas
el calor de austeras reflexiones, de graves sentencias,
de inflexibles preceptos; ni tendrán, aún, la elegante
agilidad que les imprime la diestra sabiduría artística.
Es lógico. Los años gestan la obra.
Pero, no obstante, ya se vislumbran en este libro
modalidades promisoras. Es que hay fuertes garras en
este poeta para realizar una futura obra admirable.
Hay verdadera inspiración y rasgos firmes de una na-
ciente personalidad propia. Auguro que Fiorito, — sin
desconocerle el alto valor poético de este su primer li-
bro — ha de triunfar plenamente en la lírica continen-
tat: No es un augurio antojadizo o galante, sino el
resultado de una serena observación y frío análisis. Su
espíritu caballeresco y romántico, su acendrado amor
a la Belleza, su inclinación ferviente a los estudios in-
signes, su magnífica alma de aiiísta, y su condición
de soñador silencioso, serán factores decisivos para
que su obra futura sea realmente victoriosa, gallarda-
mente triunfal!
Y ha de vencer, en esa justa gloriosa, con el sen-
timiento, que es la nota relieve que en sus versos pre-
PROLOGO 7
domina. No serán, quizás, sus cantos, los de un lu-
chador combativo y enérgico, con sus armas pesadas
para lides violentas No serán sus cantos, sones de
bronces para somatenes revolucionarios, ni espada ful-
mínea para redenciones humanas.
No han de tener esa férrea armazón, sus cantos,
porque ya en este poeta se denuncia el carácter de su
estilo y de su idiosincrasia , que lian de plasmar en
definitiva su personalidad. Fiordo es un cantor suave
y romántico. Sus estrofas tienen un sello original de
melancolía, y por fso no es aventurado afirmar que
su consagración de portalira asentará sus prestigios con
la musa de la emoción y del sentimiento. Bécquer,
amante predestinado de la dulzura, Musset, pálido ena-
morado de las lunas tristes, Ñervo arrodillado ante la
majestad humilde de la virgen Melancolía, Giménez
sollozando en las tardes lluviosas por los jardines so-
litarios, fueron todos ellos, besados por la misma Glo-
ria amorosa que besó la frente llena de huracanes de
Hugo, y la musa soberbia y resonante de Andrade!
Es que si bien entusiasma y conmueve el épico
clarín guerrero, vibrando en medio de una carga victo-
riosa, no menos sacude de sentimiento al alma, la dul-
ce serenata de una mandolina, que dice el ruego aman-
te debajo de una reja, florecida de madreselvas. Y la
virtud mayor de los poetas es saber, cualquiera sea la
cuerda con que música I icen sus estrofas, hacer llegar
hasta el fondo de las almas, una impresión de belleza
y un latido de emoción ....
Y este noble iniciado ha conseguido, sin esfuer-
zos, encauzar su inspiración por la senda sentimental;
y por eso sus versos, cariciosos e ingenuos, conquis-
tan de inmediato el espíritu, dejando tras de sí, ora
P RÓLOOO
un diáfano rayo de luz, ora un perfume de rosas pri-
maverales, ora una gota de amargura y de desolación
inexolicable !
¡Fiorito ha conmovido mi alma!
*
* *
Las letras uruguayas están de parabienes.
De un tiempo a esta parie, viene surgierulo con
altos méritos y halagadoras promesas, una pléyade de
jóvenes poetas, que con sus obr-as y sus entusiasmos,
ha provocado un hermoso resurgimiento artístico en
nuestrv ambiente. Los que amamos con sinceridad to-
das las manifestaciones superiores que tiendan a bene-
ficiar la cultura de un pueblo, debemos congratular-
nos con estos bellos acontecimientos.
Y Flor lio se ha incorpor'ado valientemente, con
cr-edenciales de honor y de triunfo, a esa brillante fa-
lange de artistas. A ellos corresponde , pues, corno mi-
sión elevada y civilizadora , iniciar un nuevo flor-eci-
rniento de la poética nacional, como lo fuer-a en aque-
llos felices dias en que, Herrera y Reissig, aquel di-
vino pájarv maravilloso, cantara en su ilustr-e torre de
los panoramas, Frugoni vibrvra desde lo más hondo,
Papini gorjeara en la r-eja, Vasseur declamar-a sus can-
tos augúrales, de las Carreras r-everenciar-a a la escul-
tural y fascinante Lina, micnti-as reía socarrona/nenie
la bohemia fr-ashumante de Goicochea Menéndez!
Yo saludo en este poeta - niño que ha sabido cau-
tivarme con la frescur-a de sus versos,, al victorioso de
hoy, y al poeta vigoroso que en él se gesta serena-
mente. Y estas ligeras líneas de presentación, no lle-
van título de juicio critico, pero sí una sincera impre-
PROLOGO
síón de mi espíritu. Que ellas, pues, sean solamente,
como a la usanza de tiempos caballerescos, humildes
heraldos que anuncien la llegada triunfal de un joven
príncipe del Ensueño, de un nuevo poeta que surje,
deshojando sobre los caminos de la vida las rosas ini-
ciales de sus jardines recónditos!
Ovidio Fernández Ríos.
/linio -I9IS.
RECÓMPÍTA ARMONÍA
OFRENDA
Yo canté; y al cantar con alegría,
Llena mi alma de amor y de esperanza,
Desbordóse recóndita armonía
Que el verbo mío a definir no alcanza.
En mi vida, mis ansias, mis caminos,
Hubo una lenta floración de amores;
Y, de ellos, mis cantares peregrinos
Fueron puros y pobres trovadores
Cantar de juventud es como un pecho
Que se halla abierto para ser leído ;
Es un cáliz de amor; tal vez el lecho
De un reciente dolor y de un olvido.
12 FRANCISCO B. FIORITO
Pero siempre es amor, aunque salvaje
Se desate la estrofa vibradora.
¿No lloraron titanes de coraje?
Y el dulce amor ¿no es un titán que llora?
Cantar de juventud es la mirada
Que pretende escrutar nuevos arcanos.
¡Le derrota una hiriente carcajada,
O le unge la gloria con sus manos!
Os ofrendo mi canto, padres míos;
Es sincero, modesto y sonriente :
Si se ríen de él, también reíos!
¡Vuestra risa es el lauro de mi frente!
"recóndita armonía"
F. B. FIOPITO
RUEGO
R mi amigo R. Tubin Quaóros
Yo te pióo, Señor, que Tú no óejes
ñ mi pobre esperanza carcomióa
Uagar por esta uióa
Huyenóo óel óolor.
Yo te pióo. Señor,
Que no arranques el óaróo óe la herióa
Que guaróa el corazón.
Ho trueques el óolor óe mis óolores
Por la celeste miel óe tus amores...
¡Que en mis espinas -no broten flores
Con la sangre óe tu crucifixión!
Sólo pióo, Señor, que tu miraóa
Rlumbre mi moraóa
Y mis tinieblas óe pecaóor.
jYo tengo ansias óe luz!
¡Por la señal óe la Santa Cruz,
Escúctiame, Señor!
RECÓNDITA ARMONÍA 13
¿POR QUÉ CANTO?
A Amelio Beilini.
Yo canto por cantar. Porque en la oscura.
Recóndita espesura
De la selva uruguaya de mi alma,
Ha pulsado la palma
Las rojas ceibas y el gallardo ombú,
La mano de los aires de mi suelo,
Las ráfagas violentas de su cielo,
La ardiente juventud,
Cual si ellos fueran colosal laúd.
Alma que tiene palidez de aurora.
Sombras de noche, claridad de día;
Alma que sola llora
Con el mismo placer que ayer reía;
En mentiras mil veces pecadora
Pues, era tuya y la llamaba mía;
¡ Un alma de poeta soñadora,
Que, a no ser lo que es hoy, hubiera sido
Un sabia montaraz, solo y sin nido!
14 FRANCISCO B. FIORITO
YO NO SÉ
Al Pbro Arturo Mossman Oros.
¡Yo no sé qué tristeza les llena
Que están siempre llorando los cielos!
Por las noches, es llanto de estrellas;
Por los días, es llanto de fuego;
Y aun más llanto es la dulce caricia
Que llora su lánguido riego,
En la sombra amasada con luces
Y color, si atardece a lo lejos.
Es la pálida luna que viene,
Y que siembra sus besos
Por la inmensa llanura.
Que se nutre de blancos reflejos.
jEs la vieja tristeza,
Es el llanto eternal de los cielos!
RFCÓNDITA ARMONÍA 15
II
Yo no sé si son ellos que lloran,
O soy yo que llorando los creo.
Yo no sé Yo no sé
Yo no puedo atreverme a estar cierto :
Que tal vez esté viendo mi alma
Reflejada en los cielos
III
Una estrella brillante
Puede ser un opaco deseo.
Una luna callada
Puede ser un amado recuerdo.
Un crepúsculo rojo,
La acuarela de un beso.
Una rápida nube
Puede ser un esbozo ligero,
Melancólico y triste
De un romántico ensueño
Yo no sé Yo no sé
Yo no puedo atreverme a estar cierto
jQue el llorar de mi alma
Bien pudiera ser llanto de un cielo!
16 FRANCISCO B. FIORIFO
YO SOY, SEÑORA,
Yo soy, señora, un trovador guerrero,
Con un alma flexible como acero .
Para el bien, el amor y la hidalguía,
Que mi pecho siente.
Yo he vivido una vida muy extraña
Solitario y errante en la montaña
De la cordillera
De mi fantasía.
Allí tin eterno sol siempre naciente
En la empinada cumbre reverbera
Del eterno día
Yo soy en todo una expresión guerrera:
Soy mano certera
Que detuvo la daga traicionera
De vuestra mirada;
Soy escudo de hierro a vuestra espada
Que me quiso herir;
Y soy un profesor de sentimientos,
Porque haciéndome sordo a los lamentos
Vuestros, señora, os enseñé a sufrir.
RECÓNDITA ARMONÍA 17
HISTORIA BREVE
A Ariel Cabrera.
Un caballero luchador galante,
Un esforzado caballero andante,
Lleno de amor besó
La blanca mano de la dama bella,
Y en su alazán, cual errabunda estrella,
En la batalla entró
Y el caballero luchador.... venció.
Pero, al retorno de aquel lance rudo.
Que tiñe en gloria el triunfador escudo,
A la dama no halló
Con férreo casco se ciñó la frente,
Y en su alazán, como visión doliente,
En la batalla entró
Y el caballero luchador murió.
18 FRANCISCO B. FIORITO
SED
A Berta Ferrari.
¡Pobre la enfernrita!
¡Hermanita, herriiana!
¡Ay! déme, aunque sea
Una gota de agua ;
Que siento en el pecho un gran fuego
Que alioga, que mata;
Y siento que en todo
Mi cuerpo la sangre se para,
Y salen corriendo dolientes
Dos chorros de lágrimas
De estos mis ojos
Que nunca lloraban . ...
¿Qué tengo, hermanita? ....
Si no tengo nada,
¿Por qué en este cuarto me dejan
Tan sola y en cama?
¡Pobre !a enfermita!
Recóndita Armonía 19
¡Hermanita, hermana!
¡Ay!.... déme, aunque sea
Una gota de agua,
Que siento
¿Que calle
Me dice mi hermana?
¡Que calle! ¡y no sabe
Que tengo parleras las fibras del alma!
¡Que tengo llorosa
La triste mirada!
Mi voz ya no suena
De puro apagada;
¡Y tengo una historia de penas
Tan larga Tan larga!
¿Qué tengo hermanita?
¡Hermanita, hermana!
¡Ay!.... déme, aunque sea
Una gota de agua
¿Por qué, no comprendo,
Mis sedes no apaga.
Ni moja mis labios.
20
FRANCISCO B FlORlTO
Ni mis ansias calma,
Ni noto frescura, consuelo, ni alivio?
¡Las sedes me abrasan!
¿Qué tengo, hermanita? ....
Y dijo a la enferma la hermana
No pienses, y llora :
Que sólo con lágrimas
Se apagan, querida.
Las sedes del alma!
m J^
Recóndita Armonía 21
ROSAS BLANCAS
A Nelly,
Te llevé, con mis sueños de amores,
Te llevé, con mi amor, rosas blancas
De un querido rosal, que yo había
Cultivado en el huerto del alma.
Las tiñeron de rojo tus labios
Cuando yo, en mis locuras extrañas,
Me olvidé del rosal, de las flores,
De tu amor y de tí, dulce amada.
De mortal palidez se cubrieron,
Y contigo mi ausencia lloraban ;
Y, cual tú, en mi vuelta, tenían
Una dulce y tranquila esperanza.
22 Francisco B. Fiorito
Porque cuentan antiguas leyendas
(Unas viejas leyendas muy raras)
Que no puede la niña olvidarse
Del galán que le dio rosas blancas;
Que morían reales princesas
Esperando al poeta sin patria,
Que vendría a dejar en su reja
El vibrar de su lira de plata.
Y las notas del canto del bardo,
Al entrar por la abierta ventana,
Parecían, o eran acaso.
Un enjambre de rosas con alas.
jOh las viejas leyendas! ¿No es cierto
Que da celos y envidias y ganas
De volver a los tiempos pasados,
De vivir esas vidas pasadas?
Recóndita Armonía 23
Pues, si quieres, haremos leyendas,
Unas nuevas leyendas muy raras:
Tú serás una triste princesa
A tu regio balcón asomada;
Yo seré un trovador taciturno
De flotantes guedejas rizadas,
Que, pulsando su lira, te brinde
Muy sentidas canciones galanas.
Y tendrás, con mi amor, mil leyendas,
Y tendrás, con mi amor, rosas blancas
De un querido rosal, que yo tengo
Floreciendo en el huerto del alma.
I -¿3^
Recóndita Armonía 25
i SEÑOR ! . . .
A Matilde Saint Upéry.
¡Señor! yo necesito la luz de aquellos ojos ;
La voz de su pupila concédeme, Señor!
Yo haré para tu gloria sus dulces labios rojos :
Flamígera portada del regio trovador,
Que aplaca tus enojos ;
Pues lleva hacia tu seno
Bajeles de oro lleno
Por mares de dolor !
Sus dulces, puros labios cantándote alabanzas :
Del ánima lenguaje sonoro y musical.
¿No fueron a tus manos, dadoras de esperanzas,
Cual a mi reja vienen los cantos del zorzal?
El río de aguas mansas
Que lleva hacia tu seno
Bajeles de oro lleno.
Fantástico caudal!
26 Francisco B. Fiorito
¿Por qué la transportaste volando hacia la altura,
Donde por alas truecan los brazos de su cruz,
Los seres que llevaron su espléndida hermosura
Del cuerpo en el profundo cual velador capuz?
La regia llama pura
Que lleva hacia tu seno
Bajeles de oro lleno
Por sombras a la luz! ....
¡Señor! tú bien lo sabes que siempre yo la veo,
Y es fuerza que lo sepas pues tú me la haces ver,
Al pálido reflejo de un vivido deseo
¡Seiior! . . . que yo la quiero como ángel y mujer!
Seilor, que yo la creo
Llevando hacia tu seno
Bajeles de oro lleno
De llanto y de placer;
Señor, yo seré fuerte, piadoso, santo, bueno,
Si dejas en sus ojos mis ojos encender.
Recóndita Armonía 27
Para Manuel Duran.
Es inútil que me empeñe y que me irrite,
Que frenético me agite
Es inútil; no podría
Detener la vibración, la melodía
Que me llevan amarrado
A su carro de combate consagrado.
Es inútil qne forceje y me rebele....
Hay un brazo que me impele
A pulsar la lira amante ;
Hay un ojo con pupila de diamante
Que me mira y que me ordena
Que de estrofas te desgrane una cadena.
Yo quisiera que mi canto te llegara.
Que mi canto te cantara
Sin ropaje de palabras y sin versos ;
Que salvajes y dispersos,
Mis decires y mis besos y mis risas
Te besaran cual las brisas.
/
28 FRANCISCO B. FlORITO
O cual recios huracanes te besaran:
Que la frente te azotaran,
Y te hicieran la bravia
Compañera de mi indómita energía ;
Y te hicieran la serena
Compañera de mis risas y mi pena.
Que te hicieran mujer fuerte y muy sensible,
Caminando al imposible
Del triunfo y de la gloria que no encuentro,
Y que llevo muy adentro
De mis ansias soñadoras de infinito.
Que bebieron en un cráter de granito
El licor de fuego y lava incandescente.
Y que luego, suavemente
Te cantaron sus amores ;
Te lloraron tristemente sus dolores.
Porque debes de saber, amada mía.
Que hasta el llanto es un signo de energía.
Recóndita Armonía 29
EL FRÍO Y LA HOGUERA
Al P. Arnoido C. de J. Bernasconi.
I
Hace frío. Llegó tranquilamente
Este señor de blanca cabellera.
Es de hielo su frente :
De ese hielo que cubre la pradera.
Se ha metido en mi alcoba
Y es el dueño de ella.
Y parece que roba
A mis ojos la lumbre, o a la estrella
Le quita vibración y es menos bella.
Tiene frías las manos
Y lo§ ojos callados y dormidos;
Y parecen gusanos
Sus dedos ateridos,
Y parecen arcanos
Sus labios comprim.idos.
30 Francisco B. Fiorito
Se ha metido en mi alcoba y él la llena.
El lugar en la cama me ha usurpado,
Y íalvez, se propone
Largo tiempo vivir, aquí, a mi lado.
Su tristeza me apena ;
Pero, Dios me perdone :
Esta noche echaré al anciano afuera.
Al encender la acostumbrada hoguera.
11
Hace frío. Se fué rápidamente
La niñita de rubia caballera.
Era pura su frente
Como el hielo que cubre la pradera.
Se fugó de mi alma
Y aun es dueña de ella.
Se ha llevado el calor, y hasta la estrella
De fulgores silentes,
Y los soles ardientes
Se fugaron con ella
Recóndita Armonía
31
Se fugó de mi alma y aun la llena.
Yo no puedo llorar, porque la espero,
Y es muy necio llorar con esperanza;
Mas, la ausencia es muy fría ;
Y por eso yo quiero,
Si mi fuego no alcanza,
Resguardar del invierno esta alma herida
Y que Dios me perdone, si tuviera,
Al volver la niñita, nueva hoguera
En el alma encendida.
Recóndita Armonía 33
DIGNO FIN
Al Poeta Ovidio Fernández Ríos.
Yo te he visto marchar, amigo mío,
Con !a firme pujanza del guerrero
Y a la lucha llegar con aquel frío
Y apuesto continente del acero.
Y luchar, y vencer y en el bravio
Y andante palpitar del entrevero,
Dejar versos de sangre, cual rocío
Germinal de tu mundo aventurero.
Domador de la fuerza de la idea,
Tú no puedes vivir sin la pelea,
Sin tus alas de luz y sin tu nido.
Sólo falta a tu gloria consagrada
La pupila del mundo, que, asombrada,
Se dilate, al saber que has perecido.
MONS. MARIANO SOLER
MONS. EUSEBIO PE LEÓM
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o ooo ooo ooo ooo ooo ooo ooo o
o 000 Ooo ooo ooo ooo Ooo Ooo o,
S °oo° o °oo° o °ooO o o«ooO o °ooo° o °ooo° o °oo° o °ooO ¿
MONSEÑOR MARIANO SOLERO
He sentido una voz que vibraba
Llamando a mi estro :
Era voz que llegaba de afuera
Y se unía a las voces de adentro.
Es la voz que he sentido mil veces
En el. rudo estallar de los truenos,
Sonando en el alma
Más fuerte que ellos ;
Que me hablaba de todo lo grande,
De todo lo puro, de todo lo bueno.
También la he sentido
Vibrar en mi pecho
Al son de campanas
Que tocan a muerto . . .
{') Poesía premiada con primer premio en el concurso literario
•n homsnajs al I. y R. M.«r Dr. Mariano Soler, primer Arzobispo
de Montevideo, celebrado en esta ciudad en I9!6.
38 FRANCISCO B. FlORITO
La sentí, cuando estaba postrado,
Ante el Dios que recoge mis ruegos ;
El Dios que me dice :
Allí está lo bueno,
Camino seguro
Que lleva a los cielos.
La sentí, cuando hablaba la patria
De los hijos que gloria le dieron,
De los hijos que solos tenían
Almas fuertes y fuertes cerebros
Y esa voz ha encendido en mis venas
Un rebelde, imposible deseo
De forjar, con mis sueños de niño,
Un héroe de Homero;
De cantar una gloria uruguaya
Que obsesiona mi amor y mi estro,
Que vive en mi pluma
Formada de ensueños,
Con vida divina
De patrios anhelos
Recóndita ARiMonia 39
¡Y yo quiero ofrendar a esa gloria,
Que es honor de mi estirpe y mi credo.
De la lira, la nota terrena,
Y del alma, el amor, que es del cielo!
Es el niño. Ya lleva en su frente
La aureola de grandes ensueños,
En sus ojos callados y hondos.
La sombra de luz del misterio ;
Y en la frente infantil se ha clavado
El pliegue severo
Del que escucha, de hinojos el alma,
Al numen interno.
Son puros sus labios
Y su paso es alado y sereno ;
Son pasos del hombre que da por la tierra.
Subiendo de prisa a los cielos.
40 FRANCISCO B. FlORITO
Es el joven. Las verdes campiñas,
Los ásperos cerros,
Las mansas y puras corrientes
Que cruzan, cantando, su suelo,
{Cuántos ritmos de arcana belleza,
Cuántos salmos de amor y de esfuerzo
A su alma enseñaron
Con la voz de sus castos silencios!
jCuán puro crecía,
Cuan sabio, cuan bueno!
jCómo Dios amaba
Al futuro Samuel de su templo!
III
Alboreaba ya el día. En las ramas
Del árbol que alberga sus sueños,
Cantaba ya el ave
Recóndita Armonía 41
Que anuncia los soies intensos :
Los soles del rudo trabajo,
Que forja en los pechos,
Que en los brazos forja
El músculo férreo ;
Que a los surcos bajan,
Rígidos y negros,
Y encienden en ellos la gracia
Del mar undulante de fuego,
De música y oro
Del rubio trigal opulento ;
Los soles que besan las almas
Con besos de amor y de genio,
Y truecan el cántaro
Tan frágil y opaco del cuerpo,
En tea radiante.
En balsámico vaso de incienso.
En «Sancta Sanctorum»,
íLo más puro en lo puro del templo!
42 FRANCISCO B. FIORITO
IV
El numen que guía sus pasos,
Lo llama de lejos ;
Al monte de mirras y áloes
Do mora el silencio ;
Al Jordán sagrado
Que circunda la paz del desierto.
Le habló de las clásicas mieles
Del áureo saber de otros tiempos
Las nítidas líneas
De mármoles griegos ;
La austera sapiencia romana,
Seiiora y maestra de pueblos ;
Y el lleno de gracia,
De luz resonante venero.
Que fluyen los santos,
Los dulcísimos labios del Verbo . . .
Recóndita Armonía 43
Su numen lo llama,
Lo llama de lejos,
Al divino Jordán solitario
Do mora el silencio,
Do estrechan su excelso connubio
La austera verdad con el genio . . .
Adiós, dulce patria: mañana,
Cuando arribe de nuevo a tu puerto
Mi nave, que hoy marcha
Tan sólo repleta de sueños.
Vendrá rebosante
— Carabela de audaz marinero —
De oros de ciencia.
De escudos sonantes de acero.
De perlas de gracia divina.
De frutos de arcano alimento.
Y todo en el ara
Pondré de tu templo
¡Yo ambiciono brindar a tu gloria
Toda mi alma de audaz caballero !
44 Francisco B. Fiorito
La nave se ha ¡do : en la proa
Marcha erguido un arcángel austero ;
Y, asida al timón, va la gloria
Y, en las velas, soplando el ensueño .
Se ha ido .. . su numen
Lo llama al Jordán del silencio :
¡El silencio que es óleo divino
Que unge la frente del genio!
Lira, calla; el arcángel ha alzado,
Imperioso .en ¡os labios su dedo.
Recóndita Armonma 45
VI
¡Qué radioso fué el sol de aquel día!
Los ásperos cerros
Saltaron como un cervatillo,
Y las lomas cual tiernos corderos.
Ha vuelto a las patrias colinas
Varón ya perfecto.
En el ceño viril se ha clavado
Más hierático el pliegue severo ;
Los ojos callados,
Incansables perscrutan misterios
Mas, hay en su frente serena
No sé qué reflejo.
No sé qué impalpable aureola
De un astro que brilla de adentro ;
Algo así como aquellos arcanos,
Flamígeros cuernos
Que ornaban la sien del Profeta
Bajando del monte tremendo
46 Francisco B. Fiorito
Es signo de espíritu,
Es luz de misterio,
Es el paso de Dios que estremece
El cántaro frágil del cuerpo.
El ha puesto el carbón hecho ascuas
Sobre el labio trémulo,
Y ha volcado en la frente del niño.
Repleto de óleos sagrados, su cuerno.
Vil
Es su apóstol. Ya va. «¡Vaticina!»
Le ha dicho su numen interno ;
«Vé a los hombres manchados y pobres,
Débiles y ciegos,
Y vierte en sus almas
Mi bautismo de luz y de fuego;
Recóndita Armonía 47
Tus dedos enseñen
La faz del Cordero ;
Y sean tus labios panales
De la miel de jni santo Evangelio.
Ya marcha el apóstol. Las turbas
Le guardan hondísimo afecto,
Porque él es muy sabio,
Porque él es muy bueno,
Porque él, al pasar, los bendice,
Y sana sus duelos,
Y en las almas deja
Perfumes de inciensos,
Y dice palabras
Que parecen cantares de cielo.
Sus labios son áureos panales
De dulce y robusto alimento ;
Sus manos son báculo
De flácidos miembros
48 Francisco B. Fiorito
Su paso es el paso de un astro
Que es gracia y es vida, y es luz y es aliento.
El astro camina a la altura ;
¡Va a llegar al cénit de su cielo!
VIII
El Pastor benigno
Que regía la grey de su pueblo,
Bajaba a su ocaso.
En su aureola de mártir envuelto.
El viejo Patriarca
Ya siente la muerte en sus huesos.
El Dios que sostiene sus días,
Lo llama de lejos.
Se me fueron ya los cantos
Con rumores de cascada.
?cg.
Recóndita Armonía 49
¡Ah! ¡Te marchas, tú que eras el carro
Y el fiel conductor de tu pueblo!..:.
¡Se ha ido! — Lo alzó de la tierra
Su carro de fuego,
Su carro de intenso martirio,
De amor y de celo.
Mas, el palio cayó de sus hombros,
Mientra iba subiendo,
Y ha posado en los hombros robustos
Del nuevo Eliseo :
El tiene la gracia,
Los ojos profetices.
La inmensa dulzura
Y el férreo valor del Maestro.
La cruz fulgurante
Ya pende en su pecho,
Y sus manos aferran el báculo
Que le anuncia p3<^tor de su pueblo.
5U Francisco 13. Fiorito
¡Cómo fluyen entonces sus labios
Incansables divino alimento!
¡Cuál hiende su pluma
Los surcos de luz del misterio,
Y vuelcan la santa siiniente
Sus manos de excelso labriego!
Y el báculo aquel apacible
Del manso pastor de corderos,
Trocábase, a veces,
En espada de audaz caballero ;
Y el dulce y tranquilo
Fluir de su verbo
Era ariete invencible que hendía
Los baluartes que alzaba el averno.
IX
¡Oh qué días de gloria cruzaron
Bajo el tórrido sol de su genio!
Fué grande la patria.
Recóndita Armonía 51
Fué dócil su pueblo ;
La luz y el decoro
Velaban la faz de los templos
¡Dios ceñía con yelmo de gloria
La sien del audaz macabeo!
¡Oh! ¡La gloria! El puso en su escudo
Su lema guerrero :
«M gloria es tan solo
La cruz del Divino Maestro*.
¡Su cruz que es su gloria!... Hace mucho
Que él siente en su pecho
Una inmensa, divina nostalgia
De gloria de cielo ;
Un fuego que roe
El cántaro frágil del cuerpo,
Un brío de alas
Que quiebra el capullo terreno.
52 FRANCISCO B. FlORITO
Su numen lo llama
El lo siente llamar- de muy lejos,
Tan lejos que él cree
Lo siente llamar desde el cielo.
X
Una tarde lloraron las auras
Que cruzan los ásperos cerros ;
Cernióse en los aires
El ave fatal del silencio
Fué noche en la patria
¡Las campanas tocaron a muerto!
Lira, calla: no turben tus notas
La paz de su sueño ;
Tú no sabes aún como canta
La muerte sus hondos misterios.
Recóndita Armonía
53
Suspende a tus cuerdas
Crespón de amarguísimo duelo,
Y bríndale tímida
Tu canto pequeño :
¡En el va el amor que es de un niño
Que ha aprendido el amar de los cielos!
ooo ooo ooo ooo ooo ooo ooo ooo ooo ooo ooo ooo ooo
I
o^°o o°°° °°°o o°*o
^°ooooooO° °OooooooO° °OooO° °OooooooO° "oooooooo*^
LAS MANOS
A Margarita Ferrari.
Una noche transparente cual las aguas
Del estanque sin baje! de la esperanza;
Una noche precursora de los días
En que vagan por atmósferas etéreas
Los recuerdos de las blancas lunas pálidas,
Una noche que era digna
De rumores y cascadas,
Caminaba tristemente por los campos
Como un alma por condenas doblegada,
Como un alma pecadora, que ha perdido
La blancura de sus alas
Y las manos de los vientos ,
Que tomando los reflejos de la luna.
Como peines nacarados.
Suavemente se peinaban,
56 Francisco B. FiORiro
Despertaron en mí, sueños
Con conjuros de sibilas y de magos,
Con palabras cabalísticas brotadas
De la boca de una vieja nigromántica
De esos sueños que no dañan a los buenos
Y los pechos de los malos despedazan;
Que a los niños dan temores,
Y a los hombres les recuerdan sus nostalgias
Y aun erraba por los campos mi tristeza.
Como un buho de la noche solitaria;
Y mis ojos perscrutaban los espacios
Que los astros, como flores, salpicaban...
Y se fueron mis tristezas,
Como un buho que a la sombra se tornara,
Recóndita Armonía 57
Había visto más allá de las estrellas,
Más allá de los reflejos
De la blanca luna pálida,
Unas manos dolorosas
Por los clavos de los malos traspasadas,
Que, con señas de cariño
Y de amor y de esperanza,
A su lado me llamaban.
Disipando mis dolores
Y mis sueños con la vieja nigromántica,
Contra un pecho traspasado
Dulcemente me apretaban
Desde entonces no me besan las tristezas,
No me besan las nostalgias.
m
58 Francisco B. Fiorito
POETA
A Luis Alberto Fernáfidez.
¿Quién dijo C]ue cantar es cosa vana
Y que el bardo es mendigo de alta frente?
Si; mendigo de gloria en el presente,
Pues la gloria es un hijo del mañana.
No seduce al poeta regia grana;
No le ciegan del oro los albores;
Prefiere la fealdad de ruiseñores
Al vestido de seda que engalana.
Su verso es hijo de hada o de sirena
O de muy fiero y bárbaro titán ;
Por eso es que lleva el alma llena
De aire puro y zarpazos de huracán.
i Ese es vate, que vive sin melena
A quién mil melenudos seguirán!
Recóndita Armonía 59
EL TRIBUTO
Para Jorge de la Torre
¡ Pobre mi lira ! ¡ pobre
La lira aquella del poeta errante,
Que viene a desgranar sus melodías
Sobre muertas y viejas alegrías
Como soles dorados y brillantes!
¡ Pobre esta lira joven y potente,
Que vivió sin regazos,
Y que tiende sus brazos
Hacia los cielos, doiorosamente ! . . . .
Es otra la que pulso, no es aquella
Monocorde que sólo amor cantaba,
Porque sólo decía que eras bella,
Porque sólo decía que te amaba.
60 Francisco B. Fiorito
¡ Pobre el Vate errabundo
Que se pone a tañerla tristemente
En el silencio de las noches claras!
Y van sus notas, en tropel, al mundo,
Sin encontrar una divina frente,
Donde dejar sus vibraciones raras.
Sin encontrar los labios de la amada.
Sin encontrar su mano cariñosa
Ni un rayito de sol, alma, ni rosa
Ni blanca mariposa
A quien contar sus quejas marchitadas
Por los rayos de un sol desconocido...
1 Sólo saben vivir para el olvido
A quien pagan tributo en carcajadas !
Recóndita Armonía 61
ANSIAS
A Eugenio M, Sacarello.
He sentido unos pasos sigilosos,
Que en torno de mis sueños,
Vagaban temerosos
Eran cadencias de recuerdos viejos
Henchidos de idealismos,
Que abrían los abismos
Tranquilos de mi vida.
Unos blancos fantasmas impalpables ,.
Que buscan, miserables,
La llave de mi anhelo;
Y unos seres con gracia de amapola,.
Que tiñen la corola,
Con luces de mi cielo.
62
Francisco B. Kiorito
Unos genios alados seductores,
Que liban la dulzura
De lodos los amores,
Y vierten la amargura
De todos los dolores
Y he sentido tal ansia por lo bueno,
Lo puro, lo divino y lo sereno,
Que paso por el cieno,
Envuelto en mi blanquísima armadara,
Soñando con la altura
Tranquila de la gloria;
Llevando mis ensueños siempre llenos
De cumbre, de pelea y de victoria.
Recóndita Armonía
HAY ALGO EN MI
«. A! R. P. Juan de Dios Moratorio
Hay algo en mí como una lumbre intensa,
Que me da vida y luz y movimiento;
Que sufre y llora y se consuela y piensa
Con esencia sutil de pensamiento ;
Como muralla de ciudad guerrera
Que, en lides justas, triunfadora fué;
Como girones de gentil bandera
De un paladín heroico de la fé ;
Como torrente que devasta y ruge,
De la montaña al descender corriendo,
Cual milenaria encina que no cruje
Y sigue vendavales combatiendo;
Como murmullo de apacible río
Que tañe liras de vital rumor;
64
Francisco B. Fiorito
Como pálida gota de rocío
En un cáliz blanquísimo de flor;
Como las llamas de un volcán ardiente
Que miedo pone con su ronca voz ;
Como surco que guarda la simiente:
i Arcilla y vida y resplandor de Dios!
Melancólicos reflejos
De otros lagos donde vagan
Los bajeles, de. mis, versps,.
?ag 73
Recóndita Armonía 65
POBRES VERSOS
A Juan Alberto St. üpéry.
Se me fueron ya los cantos
Con rumores de cascadas.
Se me fueron ya los versos
Errabundos, que mojaban
En la fuente de unos ojos,
La blancura transparente de sus alas,
Esos versos, esos cantos,
Que tan sólo transitaban
Por las calles, que tenían
Dos hileras de románticas pestañas.
Esos versos, esos cantos.
De la andante caravana,
Que en las rojas, frescas guindas
De unos labios se posaban
66 Francisco R. Fiouno
Pajaritos ignorados
De las selvas ignoradas,
Que tan sólo con las redes
De cabellos se cazaban.
¿ Dónde fueron esos versos
Que la lira ya no sabe por do andan ?
¿ Van en pos de los reflejos
De la triste luna pálida,
O se duermen en los nidos
Encumbrados de las águilas?
¿Se perdieron en las sombras
De enemigas, negras almas,
O en las puras claridades
De las blancas, sus amigas, sus hermanas?.
Yo los quiero. Yo. los busco;
i Es ¡a lira, su señora, que los llama!
Recóndita Armonía 67
Que, sin ellos, ya no hay vida,
Que, sin ellos, todo es lágrimas,
Que, sin ellos, sólo es prosa
La comida de las almas
¡Pobres versos! En las tardes andan solos
En inmensas y selváticas bandadas ;
Y me cuentan que, de noche,
Son enormes luces malas ;
Y, si el día tiende el manto
De sus grandes nubes pardas.
Van, cansados, a sentarse
En las peñas de los mares, solitarias,
Y de allí lanzan al mundo
Su estridente carcajada !
¡Pobres versos extraviados,
Peregrinos sin sandalia !
Pobres versos desnuditos
Sin ropaje de palabras!
FIORITO
9?
(1)
3Í*iC
A la Sra. María Teresa Quíntela de Mone».
El jazmín es la flor de mis jardines :
Mi jardín está lleno de jazmines.
El candor, la inocencia, la alegría
Simbolizan ¿no es cierto, madre mía?
Tú cuidaste la vida de esas flores
Contra fríos y vientos destructores;
Mas, llegaron los vientos como nieve
Y las flores vivieron vida breve
¡Madre mía, murieron los jazmines!
¡Ya no puedes pasear por mis jardines!
(1) Florido.
70 Francisco B. Fiorito
II
En las frondas oscuras, silenciosas
Hubo una regia floración de rosas ;
La pasión, madre mía, simbolizan.
¡ Esa mala pasiiMí que aromatizan !
Intentaste matar las nuevas flores
Mas, los aires les fueron bienhechores
Y los soles que llegan lentamente
Me pusieron las rosas en la frente ....
Viven ellas y mueren los jazmines.
¡Ya no puedes pasear por mis jardines!
La magnolia soberbia y corpulenta
Floreció en una noche de tormenta.
Recóndita Armonía
71
Ya de encono muriendo van las rosas
¡Las magnolias par-ecen mariposas!
Si quieres adornarte con sus galas,
Leídamente despliega tus dos alas
i Que las flores nacidas en macetas,
Las desprecian las m.adres de poetas!
i
á°°°ooo'
ooo ooo ooo ooo ooo ooo ooo
ooo Ooo Ooo Ooo _ooo„ _ooo_ „ooo.
■ o °oo° o °oo° o °Qoo° o °oooO o °ooo° o °oo° o Ooo":
^A
SIEMPRE
Hasta ayer fueron promesas
Tus dos grandes ojos negros,
Que llamaron los profanos
Dos libélulas de fuego.
Y que yo, devotamente,
Llamé padres de mis versos . . .
Tus dos ojos que son naves
Por los mares del ensueño;
Que son astros errabundos
Transitando por los cielos ;
Que son faros de esperanza,
Que son labios, que son besos,
Que son lagos con sirenas :
Melancólicos reflejos
De otros lagos, donde vagan
Los bajeles de mis versos.
74
Francisco B. Fiokito
Hasta ayer fueron promesas
Engendradas por mis ruegos;
Desde hoy, serán capullos
Y arca santa de recuerdos.
Y mañana, tus dos grandes,
Soñadores ojos negros
¿ No serán a los profanos
Cual libélulas de hielo?
¡Y los digan apagados!
¡Y por siempre los crean muertos
Ignorando que ellos viven
En la vida de mis sueños.
En la lumbre de mis ojos,
En el alma de mis versos!
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SUEÑO
A Miftlia y Elsa Mones Quiniela.
Soñé con un alcázar misterioso,
Con un jardín de sensitivas lleno,
Con un lago de místico reposo
Y con unarroyuelo rumoroso
Que corre lentamente,
Al pie de una montaña soberana ;
Que le ciñen la cumbre omnipotente
Unos blancos cabellos en la frente,
Y el venero de luz de una fontana.
Y explicóme una vieja a la mañana
Con palabra gangosa :
El alcázar es cuerpo que se arrastra
Hacia la luz; es el capullo rosa
De las jóvenes almas sensitivas;
Es la fuerza vital que se desgasta
76 Francisco B. Fiorho
Y se quema también, como las alas
De una blanca y osada mariposa,
Que la llama ha dejado
Despojada de galas
Las almas son las blancas sensitivas.
En las tardes serenas,
Cuando afluyen las penas.
Como una inmensa procesión doliente,
Al pasar por la frente.
Sentimos que se inclinan tristemente
Las cansadas cabezas pensativas.
Es el lago tranquilo la conciencia,
Que funde en el crisol de la belleza,
Los misterios sagrados de la ciencia
Y el esplendor de la naturaleza.
Es el dulce arroyuelo rumoroso
La imagen del amor que nos anega;
Es el ángel sutil y cauteloso.
Que en un corcel alado y misterioso
A nuestro pecho, sin sentir, nos llega.
Recóndita Armonía 77
Es la mole soberbia aquel cerebro
Que abrigaba las santas rebeldías,
Que en la lucha de llantos y dolores
Deshojó, como flores.
Las soñadas y dulces fantasías.
Son los cabellos canos
Los muertos idealismos,
Que, como blancas y piadosas manos,
Sondearon los arcanos
Donde ha tiempo vivió el romanticismo.
Y es la regia fontana
De todo lo pasado soberana,
De todo aquello que se va y no vuelve,
De la penumbra incierta que lo envuelve
Lo que ya no se olvida por perdido.
Lo que en el alma se eterniza y vive :
El recuerdo doliente
Que traspasa el olvido
ooo ooo ooo ooo ooo ooo ooo ooo ooo ooo ooo ooo ooo
jl °o o°°o o°°° '
4^ °°ooooooO° °°ooooooO° °OooO°
°°°ooooooO°° °°Ooooooo°°° A
PRIMAVERA
A Luis V. Fiorito.
Todo es flores y perfumes en el huerto
Ya llegaron las ligeras
Golondrinas mensajeras ;
Y en el aspa del molino,
Como nave viajadora el blanco lino,
Sus dos alas arrollaron silenciosas,
En las aguas de este puerto
Es la madre primavera
Que a los valles y montañas y praderas
Da la verde lozanía ;
Que en los cielos, las estrellas
Va volcando lentamente;
Que en la tierra siembra flores,
Y despierta la poesía
En la mente soñadora
De galanos trovadores
80 Francisco B. Fiorito
Y las notas van brotando dulcemente
De la lira campesina,
Y se pierden en la sombra de los sauces
O en la copa de la encina,
O se bañan en el chorro
Policromo de la fuente
Las torcaces silenciosas
Y las bellas mariposas
Son las vírgenes etéreas
De románticas mansiones,
Donde el manto purpurino de la aurora
Las envuelve cariñosa,
Cual si fueran sus legiones;
Y en fantástica bandada
De colores y alegría,
A la tierra engalanada
Presurosa las envía,
Como riego salutífero de flores
Y la vista, por doquiera que se esplaye
Por doquiera es sorprendida
Recóndita Armonía 81
Con las flores, la fontana,
La armoniosa filigrana
De los cantos de las aves
Derramando sus sentires.
Se asemejan a las notas voladoras, lentas, suaves
Arrancadas a una lira,
Que preludia sus decires.
Con cadencias vibradoras, '
Como címbalos de plata ;
Transparentes como lágrimas de llantos.
Con cadencias precursoras
Del rumor de ¡a sonora,
Misteriosa catarata
De los versos y los cantos
Es la madre primavera
Que abre todas las ventanas
De mi alma adormecida;
Por las tardes y mañanas
Me presenta lo más bello de sus mundos,
De sus fuerzas, de sus vidas,
82 Francisco B. Fiorito
Donde van los errabundos,
Voladores cantos míos
A abrevarse en el estanque
Matinal de su rocío.
Y se vuelven por las noches
— Las sombrías, tristes madres de la aurora —
Cobijados con sus velos
Y sus mantos coralinos,
Y no pasan ni reposan,
Pues ya emprenden peregrinos.
En bandadas juguetonas y canoras.
Su ascensión hasta los cielos
Donde acaban los arroyos, los torrentes y El Camino.
Recóndita Armonía 83
ÁRBOL SECO
A Silvio Guelmi.
Árbol seco
Solitario,
El más viejo y más querido de mi huerto
Legendario
¿Quién te besa? ¡ Ay ! Te besa como a un muerto
Que no llora el campanario ;
Que no siente del rosario
La postrera despedida.
¡No era un alma de otro pecho,
Ni a la vida
De otra vida estaba hecho !
¿Quién te llora,
Árbol seco... solitario?
¿Quién implora
Por la pobre vida muerta
De tu tronco milenario?
84
Francisco B. Fiorito
Yo te beso,
Yo te lloro,
Por ti imploro ;
Porque vistes el ropaje del anhelo
Negro y frío ;
i Triste velo
Del que restan los pedazos!
¡ Porque tienes unos brazos
Que buscando van al cielo,
Cual los míos!
JR *_*_j^__-^- ífJ ífr íií ííí ííí íií W- -^ •* ■* ^' i¥: ^ ^ ^
MIENTRAS VIENE LA NOCHE
AI Pbro. Ramón Montero y Brown.
Todo es silencio en rededor; y todo
En el rojo horizonte se proyecta,
Con fantásticas líneas, de modo
Que pudieran decirse una perfecta
Y andante caravana de visiones
Que ha quedado silenciosa y quieta.
Las torcaces parecen corazones,
Que van llorando dolorosas cuitas,
Al compás de sus lánguidas canciones.
Es momento de besos y de citas
Para todos aquellos que se quieren
Con las ansias de amar, casi infinitas.
86 Francisco B. Fiorifo
Para todos aquellos que se quieren,
Recordando pasados idealismos,
Que las sombras calladas les sugieren
Va mostrando la noche sus abismos
La calandria derrama lentamente
La fluidez de sus plácidos lirismos;
Las sirenas perfuman la corriente
Con la esencia sutil de su alegría ,
Saludando al monarca, que, silente,
Va poblando de luz mi fantasía,
Cual si alumbrara colosal montaña :
Se hace noche en redor, adentro, día
Soy un regio pastor en su cabana
Que ha tomado su flauta silbadora
De trino fuerte y vibración extraña
Recóndita -Armonía 87
Y la empiezo a tañer, porque es la hora
De hilvanar mis romárvticas canciones,
Mientras la tierra en el silencio llora;
Mientras hay en el aire vibraciones
De tiernas serenatas, y sonantes
Memorias de bailados pericones;
Mientras llegan bajeles con brillantes,
Que alumbrarán el cielo oscurecido,
Mientras llegan volando las am.antes,
Temerosas torcaces a su nido
A0
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CADA NOCHE
A Elena_ Turienzo de St. Upéry.
Cada noche me besan las estrellas
Con un beso de luz sobre la frente.
Son mis amadas pálidas y bellas ,
Hijas de un viejo rey, mago de Oriente
¿Caminan hacia mí sin marcar huellas,
Como una inmensa procesión silente ?
¿ O es que soy yo que me aproximo a ellas
Al dejar nuestra tierra, lentamente?
Yo no sé. Cada noche que volvemos
A salir de lo obscuro, y que nos vemos.
Con más fuerza que nunca nos besamos.
De mis labios se escapan los gemidos;
Las estrellas contestan con latidos;
Y parece ¿no es cierto? que lloramos.
-6- -O- ■<>■ ■■<!>• -ó- o- "O- o- -o- -ó- -ó- -ó- o- -o- •<>• -o-
TE BESO
A Valentín F. Crosa.
Yo he sentido resbalar las horas lentas,
Yo he sentido las selvajes melodías
Que desprenden de su pecho las tormentas,
Y he sentido la selvática alegría
De lo grande, de lo arcano,
De lo fuerte y soberano,
Y entre ráfagas violentas.
Ha volado con ardor mi fantasía.
Yo he pasado muchas horas, contemplando
La venida del crepúsculo dorado :
Y he paseado muchas noches canturreando
Entre aromas de los pastos de algún prado :
Y ha corrido por la mente
Melancólica y fulgente,
92 Francisco B. Fiorito
Mis pesares arrastrando,
«La Grandeza de lo grande» y lo sagrado.
Yo he dormido muchas tardes de verano,
A la sombra de una acacia, larga siesta,
Aspirando de mi tierra el aire sano
Que jugaba con los pastos de la cuesta.
Y he sentido los murmullos,
Los suavísimos arrullos
De calandrias y torcaces
Que cantaban sus fugaces,
Tiernas notas amorosas de protesta.
Pero nunca había sentido en mis deseos
Armonía más completa de embeleso
Sino cuando tus dos labios cananeos
Engendraron las cadencias de aquel beso.
Tus dos Icibios de corales,
Tus dos labios inmortales.
Recóndita Armonía
93
En la estrofa rutilante de mis cantos
Tus dos labios más sabrosos que las mieles
Que brotaron del cincel de Praxiteles
Y consuelo de mis penas y mis llantos.
m^
l^g^g
AMANECER
A Joaquín Lorenzo.
Pasó la sombra de la noche lenta.
El sol su lumbre derramando viene
Sobre el paisaje matinal, que tiene,
Todo el rumor naciente,
Que, de la selva umbría.
Sonoro brota al despertar el día.
Los rayos luminosos,
Más -rubios que las mieses
Del del trigo sazonado.
Los troncos besan del sauzal lloroso.
Que es por el agua sin cesar mojado
De un manantial que es arroyuelo a veces.
El gallo entonces, luchador bravio,
Cual fuerte clarinada.
96 Francisco B, fiorito
Al aire eleva su guerrero canto,
Que el hornero parodia en carcajada,
Y la torcaz en doloroso llanto.
El tordo negro, de expresión sombría,
Que el huevo deja en el hogar ajeno.
El claro busca de la selva umbría.
Donde está el aire de cantares llena.
Las flores rojas que el remanso orillan,
Se mueven tenues de la brisa al roce:
Como en un puro y misterioso goce.
Resplandecientes brillan
Las besa el sol, dejando *en sus pensiles
Quebrar su rayo, que el amor conoce ;
Que en ansias juveniles.
El blondo rizo con la flor enlaza.
Mas sobre todas pasa.
Sin que en ninguna su cariño pose....
Recóndita Armonía 97
La noche fué. Alegre el campesino,
Con su muy puro, sin igual contento,
Haciendo su camino.
Que va a la sementera,
Contempla la pradera
Y lanza entonces su cantar al viento..
Toda natura canta.
Con cadencias sonoras de alegría,
El poder del Señor omnipotente;
Y sus voces levanta
Hacia el cóncavo azul el alma mía,
Y se inclina m.i frente
Que la caricia de Jehová ya siente
Impregnada de amor, tres veces santa.
^¿
****^c***** ^t « » *
V * * * *
LOS DOS: TU Y YO
A Hildita.
Por verdes campiñas de tierra querida,
Al soplo potente que aleja el dolor;
Iremos rimando canciones de vida,
Pasiones sinceras, perfumes de amor.
El céfiro agita tu negro cabello,
Tus rizos se mueven en tenue compás,
Y yo, como amante que soy de lo bello,
Desprecio del mundo la gloria falaz.
Y busco la gloria que tú proporcionas.
Que es todo pureza, que es todo ilusión.
Escucho la nota que amante tú entonas
Sondeando el arcano del fiel corazón.
100
Francisco B. Fiorito
Y el céfiro amante que hermana las almas,
Llevando en sus alas el último adiós,
Recoge en el mundo placeres y calmas
Vertiendo ese bálsamo al pie de los dos.
•^ -ó- -ó- •<>- -ó- ■<>• ■<>• •<>• o- -ó- -^ -ó- -^ -ó- -ó- -o-
ES
Para Antonio Arrico.
Es mi ardiente fantasía,
Que me lleva la alegría,
Que me trae la poesía,
Entre sones musicales y armoniosos.
Es la fuerza creadora,
Es la fuerza que no llora
Y que tierna me enamora.
Como diana de clarines belicosos.
Es el canto del pasado,
Que sondeaba lo ignorado,
Que me tiene aletargado.
Con su grito penetrante, abrumador.
102 Francisco B. Fiorito
Es la lira sacrosanta
Que potente se levanta,
Es la nota que me encanta,
Porque suena como ritmo arrullador.
Tu palabra cariñosa
En mi pecho se reposa,
Como blanca mariposa,
Bajo el palio sacrosanto de una flor
¡Es tu torre solitaria,
Es tu alma visionaria,
Es la tierra pasionaria,
Es la nube perfumada de tu amor!
^mMWMí
ooo~ ooo o'oo ooo__oo_q^ o°° ooo ggg^
ooo ooo ^ooo ooo ooo
|°°°Oo.ooooO°°°°°OoooooooO°° °OooO° °°Oo.ooooO°" "°OooooooO° é^
EL BESO
A César de Palleja.
¡ El beso ! El beso en el labio rosado,
Alegre, sublime,
Que vibra, redime
Un sueño en el cóncavo pecho olvidado.
Que plagia del aire los dulces cantares,
Que vuela, se posa
i Oh esfinge dichosa!
Que aleja, que estruja los negros pesares.
Levanta su vuelo gentil, do se toca
El ansia, el olvido;
Y forma su nido
En regia y perenne mansión de una boca.
104
Francisco B. Fiorito
Es gloria, sonido, canci(>n, iiicloclía,
Que alegra, enternece;
Y en sueños parece
El trono de alada, sutil fantasía.
Es musa divina que encuerda la lira,
Que alivia los pechos
En penas deshechos.
Que brilla en Icts ojos de aquel que suspira.
jEl beso!... el beso en el labio rosado
Alegre, sublime;
Que vibra, redime
Un sueño en el cóncavo pecho olvidado.
^^-f^Tft:
-^r^M
ooo ooo ooo ooo o ooo o ooo o ooo o ooo ooo ooo ooo
LUCHAR
Al Dr. Alejandro Xogiieira.
¡ Emprenderé el camino hacia la cumbre,
El término final de mi jornada!
Hay caminos de sombras y de lumbre,
De suspiros, de risa y carcajada.
¡Necesario es subir! El que no sube,
Se arrastra miserable por el lodo ;
¡Engendrar tempestades cual la nube,
Y cual el cóndor, escrutarlo todo!
Elevar en el pecho un santuario,
Albergue que sea dado a la conciencia :
Incansable y divino campanario
Que toques da de amor y de clemencia.
106 Francisco B. Fiorito
Doy al débil la mano protectora;
Al náufrago le ofrezco mi bajel ;
Un lienzo de consuelos al que llora ;
Al soberbio... No hay nada para él.
Si ruedo al precipicio en la subida,
Más difícil será toda victoria ;
jEntonces, nadie vendará mi herida:
Esa será la gloria de mi gloria!
Ascenderé de nuevo, y, si es preciso.
Mil veces lucharé con la subida.
¡El águila por cumbres siente hechizos
Sin que arredre su vuelo la caída!
Y si cae ¿qué importa? Con sus alas
Desafía las rudas tempestades ;
¡Deshecha siempre femeniles galas
Y vuela sin temer las soledades!
Recóndita Armonía
107
Sólo ansio triunfar. Si la victoria
Mi juvenil esfuerzo ha rechazado,
¡Oscurézcase el polvo de mi historia!
¡Sea un astro en mis cielos apagado!
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¿POR QUE?
A Luis Ferrari.
¡Cuántas veces la cabeza tristemente reclinada,
En la mano temblorosa, se ha sentido acariciada
Por el soplo de un recuerdo melancólico de amor!
¡Cuántas otras, a la lumbre
De una vieja pesadumbre.
Ha tejido sus cantares.
Tan henchidos de pesares.
Que parecen de la trama del ropaje del dolor!
¿Por qué siempre los placeres, de dolores van seguidos.
Como siguen los recuerdos a los pechos doloridos.
Por la inmensa caravana que un anhelo deja en pos?
¿Por qué, al vuelo de una nota
Que en el éter suave flota.
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hKANcisco B. t-iokno
Otra hermana que en la clave
Se ha posado como un ave,
Le interpone la cadencia melodiosa de su voz?
¿Por qué, al rojo somnoliento que colora el horizonte.
Lo obscurece la silueta majestuosa de aquel monte;
Y a los cantos, el gorjeo de una flauta de cristal?
¿Por qué dentro el pecho amante.
No tendré yo algún diamante
Que la luz tornasolara,
Y los males me trocara
En placeres de blancura de la nieve virginal?
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VEN PÁLIDA ENFERMA
A María Elena Saint Upéry.
Ven, pálida enferma;
Yo quiero que sientas la sangre
Correr por tus venas,
Que sientas el suave perfume
Del trigo de rubia, gentil cabellera;
Que corras, que saltes,
Que vayas, que vengas,
Metiéndole miedo
A todas las aves que cantan y juegan,
A todas las aves que lloran,
A todas las aves que amantes se besan.
¡Pues, llantos y besos
Son hijos y padres de penas!
112 Francisco B. Fiorito
— Los besos hablando de aves,
Se entiende, mi linda morena.
Que, si, muy amante.
Los doy a tu cara palidita y bella,
¿Quién puede soñarlo,
Quién puede soñarlo que engendren las penas ?
Yo quiero que cantes alegre,
Llenando de trinos las verdes praderas,
Llenando los aires de notas.
Cual lluvia sonante de perlas . . .
¡Que corras, que saltes,
Que vayas, que vengas,
Dejando en suelo de verde gramilla
Que alfombra la selva,
Del blanco zapato
La nítida huella !
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Recóndita Armonía 113
Eterno es mi bosque,
No hay hojas caídas ni muertas ;
Eterno es el canto sonoro
De todas las aves que pueblan
Su verde ramaje ;
Eterno el perfume que los aire llena,
Y eternos los besos
De aquellos amantes que a su sombra juegan.
Ven, pues, a mis bosques.
Ven, pues, a mis verdes, tranquilas praderas;
Yo quiero ofrendarte la música extraña,
La música nueva
De mil pajarillos pintados.
Que trinan, que saltan, que vuelan.
Yo quiero ofrendarte el lánguido arrullo
De pálidas aguas que corren ligeras.
114 FRANCISCO B. FlORITO
Y flores sencilkis
Que adornen tus trenzas,
Y coplas amantes
Que tornen parlera tu plácida lengua.
Y mimos y besos.
¡Los besos son padres de penas.
— Hablando de aves,
Mi linda morena—
Que, si, muy amante,
Los doy a tu cara palidita y bella,
¿Quién puede soñarlo.
Quién puede soñarlo que engendren las penas?
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LECCIÓN
A Juan Luis.
Quiero que el alma atormentada y ruda
Doblegue la cabeza
Cansada de pensar, y que sacuda
Las capas del dolor, y que, de muda,
Parlera torne la glacial tristeza.
Quiero tus ojos contemplar amantes;
Que el raudo giro de tu dulce canto
Evoque las distantes
Sonoras armonías
Que fueron mi placer.
Y quiero que mi santo
Bajel de fantasías
Navegue por los mares
De tu alma de mujer.
116
Francisco B. Fiorifo
Quiero, los Vivos tulipanes rojos
Del labio tuyo con el labio mío
Volver a unir, y los amantes ojos
Tranquilo contemplar
Sin el tul blanco del sutil rocío;
iPorque quiero enseñarte, encanto mío,
A sufrir sin llorar! !
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HERMANAS
A Aurora Delia Fiorito.
¿Recuerdas los paseos,
En dulces noches claras,
Tranquilas y serenas
Y cual tu alma dulcemente pálidas?
¿Cuando tus ojos de mirar intenso
A mis ojos miraban,
Y tus dos manos a esconderse iban
En mi flotante cabellera larga?
¿Cuando tus labios de temblor de estrella
A mis labios buscaban,
Para dejar en aquel surco rojo
Las locas risas que engendraron lágrimas ?
118 FRANCISCO B. FlORlTO
El surco negro de la madre tierra
Es cual dos labios que a reír se lanzan ;
Y sin embargo, la cortante reja
Es por el llanto terrenal regada.
E! trigo, niña, ¿será entonces llanto
O será carcajada?
i Es que el surco se cierra!; y ¿cómo ríe,
Con la boca cerrada,
Si no tiene dos ojos, que de adentro.
Esas risas reflejan y esas lágrimas?
¿Si es que no tiene, como tú, dos manos
Divinamente blancas.
Que saben, calladitas, revelarme
Lo que los ojos y los labios callan?
Recóndita Armonía 119
¿Recuerdas los paseos,
En dulces noches claras,
Tranquilas y serenas
Y cual tu alma dulcemente pálidas?
¡Recuerdas!... y no piensas
Que tú y la noche, que en silencio hablan,
Son las parleras hermanitas buenas
De la tierra silente que lloraba;
Que la noche las besa
Con besos que las líneas agigantan.
Y la tierra también con labios negros
Te ha de besar, amada :
Cuando en tus ojos teja
La misteriosa araña
La tela que ha de unirte
Con la noche callada
120 Francisco B. Fiorito
Y la tierra también, con labios negros,
Te ha de besar, amada
Ella brinda sus labios y sus brazos,
Como postrer morada
¡Ella es hermana tuya y de la noche!...
jElla es tan buena y cariñosa hermana!!
RECONPITA armonía
iítxjice:
Prólogo 5
Recóndita armonía. — Ofrenda .... 11
¿Por qué canto? 13
— Yo no sé 14
Yo soy, señora, 16
Historia breve 17
Sed 18
Rosas blancas 21.
¡ Señor ! 25
^%, 27
El frío y la hoguera 29
Digno fin 33
Mons. Mariano Soler 37
Las manos 55
Poeta 58
El tributo 59
Ansias 61
Hay algo en mí 63
Pobres versos 65
Fiorito 69
Siempre 73
122
índice
Sueño 75
Primavera 79
Árbol seco 83
Mientras viene la noche 85
Cada noche 89
Te beso 91
Amanecer 95
Los dos : Tú y yo 99
Es 101
El beso 103
Luchar 105
¿ Por qué? 109
Ven pálida enferma 111
Lección 115
Hermanas 117
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P'-^ Fiorito, Francisco B.
8$ly Recóndita armonía
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